Abuelo, abuelo. ¿Cuéntame más cosas?
¡Qué lástima no haberle preguntado!
Este abuelo mío, nació en 1901 y ahora, leyendo "La ruta" de Arturo Barea, me imagino a mi abuelo coincidiendo con Barea, regresando a la península desde Tetuán o Larache.
O quizás mi abuelo fuese ese "recluta, que procedía de uno de los pueblecillos más pobres de la provincia de Cáceres," y que no quería comer rancho, pero resultó que ese guiso era el más rico que había probado nunca.
Afortunado eso si, que mi abuelo casi llegase a los 100 años de vida. ¡Y anda que no pasó, de joven, hambre y penas!
Quizás que no nos contase anécdotas de su mili o de la guerra fuese lo mejor, porque él sabía que en nuestra ignorancia estaba nuestra felicidad.
Fulgencio le llamaban.